TRES
(CUENTO)
Tenía los brazos muy abiertos y los ojos flotando en el horizonte a punto de decir adios. Unas ganas de decirlo todo y la sed galopante. Algunas muescas sobre la frente, una herida seca en la costilla, el grito contenido y la facilidad para deambular de lo humano a lo divino. Tenía los cabellos largos mecidos al ritmo lento del vientecillo seco y escaso. Y tenía ante todo una pregunta: ¿Y si bajo?. Tenía los brazos abiertos, muy abiertos, tres clavos en el cuerpo y, como un títere, pendía flotante de la cruz.
