(CUENTO)

Entonces el Sha de Bahrein, como cada noche de viernes, hace su aparición triunfal bajo el arco de herradura antes que los sirvientes le muevan silla, le sirvan la cena y le arreglen la vida. Se sienta y, frente a su majestad, el suculento Beram de Perdices y todo los demás. Sobre el turbante de enrollado verde eléctrico el Huevo de Kandahar, maravilla exótica de millonaria belleza esmeralda. De pronto se apaga la luz, se prende la luz y se pierde el huevo. La guardia del Sha interroga a un sirviente, un músico y una bailarina. ¡Alá!¡Ala!. El huevo no aparece y los tres son sentenciados a muerte por conspirar en el robo del huevo. Madrugada del sábado y la guillotina cercena con prisa los cuellos de un sirviente, un músico y una bailarina. Viernes de la próxima semana y el Sha hace su aparición triunfal bajo el arco de herradura antes que los sirvientes le muevan silla, le sirvan la cena y le arreglen la vida. Huevo en la cabeza, se sienta y aprieta el interruptor debajo de la mesa que apaga la luz y la enciende, como cada noche de viernes.