(Cuento)
Gordo, malhumorado y notablemente sibarita, Mássimo Guerrino se quedaba dormido en la silla y en sus 65 años. El ronquido del rey de la selva lo despierta a él mismo de forma brusca. Escapa del sueño como quien huye de la muerte. Se incorpora.¡Putana! Grita y se engulle dos medidas considerable de la pasta, que, moscas de por medio, se mantienen en la mesa de comedor desde la hora del almuerzo. El sueño puede más. Dos cabezazos y un leve siseo se le escapa entre el generoso bigote manchado con salsa. Mas abajo, el mentón apoyado junto pecho, más abajo una mancha de salsa y más abajo el agujero de la sudadera blanca. Nuevamente el escape del séptimo círculo. Se incorpora exageradamente. ¡Putana! ¡Putaaanaaa!. ¡Come tua mama!. La putana se llama Gioconda, hija mayor de 19 añitos, risos hasta el culo que mueve como balsa en tempestad, movimiento idéntico que realizó su madre inmediatamente después de haber descendido del barco con bandera migratoria. 15 años atrás y la vida de Massimo se le fue vistiendo una minifalda plisada celeste. Con un primo dicen. Los inmigrantes son todos familiares. Automáticamente a Guerrino le creció el bigote, le exploto la panza y le nació una migraña que lo acompañaría para siempre, no así su esposa, la otra putana, que a modo de recuerdo le dejó a la pequeña Gioconda y a Pascuale, hermano tres años menor. ¡Putana! Murmura ahora entre diente ya que Morfeo le ha cantado al oído nuevamente. Las mismas moscas en el plato. Atrás, la putana sale del baño, se depila, por última vez, todos los bellos sobrantes de cualquier parte. Se para de perfil frente al espejo, sube la cadera y se lanza un beso con la mano, encogiendo un hombro y guiñando el ojo de por medio. Se calza las medias caladas y antes de lanzarse al escaso interior de una minifalda plisada celeste se detiene ante un ronquido descomunal. Ríe y prosigue. Una mosca princesa besa la frente calva del italiano y, como en todo cuento, le termina por despertar. Mira alrededor. Nadie. ¡Má mi figlio e un angelo! Grita y golpea la mesa con el tenedor que procederá a llenar su estomacal rabia. Pacuale no es ángel sólo por que no tiene alas. Es bien parecido, notable estudiante, tranquilo. Querido por cuanta vieja trabaja en la feria de la esquina. ¡Un ángelo….! Y de nuevo desciende a los abismos. En la habitación de fondo una mano fina enciende la radio, presagiando el carnaval de ronquidos que se avecina. La misma aprieta la cabeza del perfume en spray. Desde el balcón del pabellón de en frente una vecina mira por la ventana abierta a un elefante moribundo que continua durmiendo junto a un plato con lenta respiración. Se ríe y continúa barriendo. Un ángelo…, balbucea y el sonido de unos tacones ligeros le provocan una honda respiración como antesala a la vigilia. El portazo le termina por despertar. Son las seis de la tarde acusa la femenina voz de la radio. Si antes Massimo había descendido a los infiernos, ahora era el propio demonio. Rojo y furibundo toma el bastón y con los rápidos pasos que lentamente un cojo puede dar se dirige al balcón. ¡Putana! Clama al mundo al ver esa minifalda contornearse en la angosta calle. ¡Putaaaaana!. Contesta al clic clac del tacón sobre el adocreto. ¡Putaaaaana! Y escupe el alma bajo el bigote cada vez mas tieso ¡Come tua mama! Digiere en sollozos la rabia de ver la historia repetida una vez más. En la esquina las largas piernas se detienen. Explota en llanto el gordo al ver a un tipo diferente al de la semana pasada y al de la semana pasada y al de la semana pasada….¡Putana! ¡Putaaanaaa! ¡Putana!, llora imparablemente desde el balcón con el único consuelo de tirarse los pocos pelos que en solidaridad no lo quisieron abandonar.
La vuelta de una llave abre la puerta de entrada. Guerrino se voltea y Gioconda entra de pleno en el living. Ciao, saluda mirando al descompuesto padre. El gordo no descubre el misterio que le permite a su cálida hija desdoblarse. Se sopla el bigote. ¡Scemo! Le espeta con sarcasmo la rubia. En un momento comprende todo. La salsa de tomate del spaghetti le sale por los ojos, dos geisers resoplan en su nariz y el bastón da contra cualquier cosa visible. Se vuelve al balcón. ¡Maripossi! ¡Maripossiiiiiiii! ¡Fenochhio! Le grita a Pascuale quien, en la esquina se deja caer como doncella en la parte de atrás de una moto. La vecina de en frente termina de barrer, da media vuelta y cierra los postigos con una lágrima, parida en la risa, corriendo por el surco de su mejilla.
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(CUENTO)
Me da risa todo lo que a los demás les da pena. Por cruel que esto pueda parecer, usted debe sentir pena por mi, de lo contrario sería un sádico, como yo… y eso me causaría mucha risa.
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| (CUENTO)
Estuve toda la tarde tratando de escribir un cuento, un maldito cuento que saliera del alma y se plasmara en tinta. Traté toda la infinita tarde de traspasar estos fantasmas de la imaginación al blanco y negro. Hice los mejores esfuerzos, incluso, lo que nunca había hecho, pero no pude. Lo cierto es que no tengo manos.
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(CUENTO)
Querido Pablo de Tarso
Estamos seguros que tú, más que nadie, sabes lo que significan tus propias palabras. Si bien es cierto que enviaste una segunda misiva, ya que la primera no tuvo respuesta por parte de nosotros, aquello no fue por incompetencia o desprecio, fue simplemente por dejación.Es verdad Pablo es que tus epístolas nos conmueven y que una vez viniste y fuiste bien atendido, no por nada nos llaman los gentiles. Pero hay algunos puntos a los que haremos referencia y, esperando tu atención, paciencia y bondad, de la que has hecho gala con tu pueblo, te pido que comprendas.
1. Cuando vino Timoteo le dejamos claro que no era necesario que nos trajera el Verbo cuando ya nosotros teníamos un Logos, con sus imperfecciones, claro está, pero, con la mano en el corazón Pablo ¿Qué cosa en el mundo es perfecta?.
2. Con respecto al tema de la Creación, es cierto que imaginar la omnipotencia de un ser que crea de la nada es tentadora, pero complica bastante. Cambiar nuestro modo de entender el mundo, en su materia y forma, como eterno e increado, es poco viable, dado que a nosotros nos proporciona diversas ventajas no solo en los aspectos espirituales, sino que incluso en los administrativos. Nuestro calendario es un poco más flexible y festivo, con eso te decimos todo.
3. Indudablemente creemos que vuestro Cristo renacerá de entre los muertos, esto para nosotros no constituye ninguna hazaña, por lo menos milagrosa,en consecuenciaque muchos de nuestros héroes retornaron del propio Hades, victoriosos y, por que no decirlo, sin mucha espera. Es que el hecho de descender a los infiernos, o mejor dicho, recorrer en vista y presencia o imaginariamente, todos los confines del mundo conocido o desconocido, constituye una actitud general de todo existente, sea este hombre, divinidad o semidiós como es el caso de tu Señor. Incluso hay quienes dicen que este Cristo tuyo ya ha aparecido por estos lados. ¡Claro que te creemos, Pablito!.
4. Sería interesante que acotaras de un modo más directo y específico los términos “Gozo”, “Gloria” y “Felicidad”
5. No queremos parecer un pueblo descortés pero, en virtud de la claridad, señalamos que la idea de ese dios único no nos satisface íntegramente. Tal vez no sepas pero hemos tenido dioses de todas las formas, tamaños, cantidades, cualidades y expresiones. Como decía un amigo ateniense, en la variedad está el gusto. Por lo demás esa divinidad única, indivisible, buena, bella, eterna, etc…ya pasó por aquí de la mano de un estagirita, pero a decir verdad, su propuesta no fructiferó. No digo que, haciendo una revisión rápida de los argumentos, la idea parece plausible, no obstante como las creencias están más dominadas por la fe que por la razón, allá tal o cual con sus divinidades y sus cantidades. Por ahí dicen que cada persona debe tener un dios para cada una de sus personalidades. Yo adhiero a ello. Además, nuestro pueblo decidió abiertamente dejar la idea del único dios y retornar al paganismo politeísta, que, confesamos, por estos lados ha tenido siempre muy buena recepción.
6. No te preocupes amigo, no nos va a pasar nada. Estamos seguros que lo que creemos y cómo lo creemos, no tendrá trascendencia en la vida futura. Tampoco le tememos a esa especie de fauno tuyo, el tal Satanás, que por aquí habitan montones y no te creas que por ello no los tenemos bajo control.
7. La idea de abstinencia sexual y renuncia a la fornicación, nos parece francamente ridícula.
Sin más
LOS TESALONICENCES.
PD: También tenemos cruces pero no las usamos.
servido por lafuga
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(CUENTO)
Tenía los brazos muy abiertos y los ojos flotando en el horizonte a punto de decir adios. Unas ganas de decirlo todo y la sed galopante. Algunas muescas sobre la frente, una herida seca en la costilla, el grito contenido y la facilidad para deambular de lo humano a lo divino. Tenía los cabellos largos mecidos al ritmo lento del vientecillo seco y escaso. Y tenía ante todo una pregunta: ¿Y si bajo?. Tenía los brazos abiertos, muy abiertos, tres clavos en el cuerpo y, como un títere, pendía flotante de la cruz.
servido por lafuga
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(CUENTO)
"¿Quieres fumar?" -le preguntó estirando la cajetilla de cigarros. "No, gracias, no fumo" -contestó. "Si fumas - djio el otro - aquí estás en el infierno".
servido por lafuga
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(CUENTO)
Se llamaba Nomeacuerdo y era del tamaño del sauce del jardín. Tenía algo así como mi edad (yo de mi edad no me acuerdo). En sus ojos había un laberinto y de sus labios colgaba un poeta al borde del suicidio. El cabello también era el del sauce y dos vientos la hacían gráciles ondas delimitando espacios diversos sobre su rostro perfecto. Al amanecer no amanecía y todo era teñido de abdomen. Se llamaba Nomeacuerdo en una noche que esparcía su figura de museo por todo el concreto del lugar. Me hablaba como en medio de los idiomas, con unas lucecillas de futuro, que encendían y ocultaban sus rasgos por jugar. Me dijo poco, y (esto es ley) nunca me quiso. Me perdí el baile donde todos se aman a quemarropa y, mientras houdini hacía el acto de desaparición número ochenta y cuatro, inmaculado yo creía que allá, atrás, muy atrás, no pasaba nada. Esperé como estatua apurando el alcohol antes que los dos hielos pertinentes se deshicieran, como lo que nunca hubo, como aquel nombre del cual no me acuerdo.Las letras blancasde final de película mala caían sobre mi espalda y una melodía insípida me dejo en la casa vacía, al interior de una cama que atrapa como pulpo a los que sólo la usan para dormir.
servido por lafuga
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